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sábado, 12 de septiembre de 2009

Gala

En el espacio sideral va en busca de Urano. Ya ha hecho una acampada en Saturno, ahora se le apetece ir a Urano. Le gusta el azul. En su CPU todos los átomos forman su mente, que piensa al completo en música inexistente y que está creando en este momento que no tiene cabida en el tiempo, y por ende, tampoco en el espacio. Pero va a Urano, porque el paisaje le gusta para su música extravagante. Y no piensa en nada más. Ya no está programado así. Hoy no. Hoy no piensa así. Ha olvidado a los demás. A olvidado lo malo, ha olvidado a los humanos, a olvidado los problemas. La envidia, los sentimientos desagradables... No. No están. Y no lo estarán. No hoy. Porque está escuchando música. Porque la está creando. Y porque va a ir a Urano.

Pero se acabó la canción.

lunes, 3 de agosto de 2009

Como siempre, otra vez...

Era de noche. La luz entraba, tenue, y amarillenta, por la ventana que tenía delante. Delante de mis pies. La luz salía de una lamparita, colgada de la pared. La lucecita del porche. Al fondo, se veía la oscuridad. Aunque no los viera, sabía que eran pinos. Un búho sonaba en la distancia.

Veía Crepúsculo en la tele. Una noche más. La tele estaba en la esquina del salón, a la derecha. Mis primos también la veían, sentados, o tumbados, en sus sillas. A la derecha de mi cabeza, mi abuelo dormía en el sofá, tapado por la mesa. Como siempre. A mi lado, a la derecha, estaba la mesa. Desordenada, y llena de cosas. Igual que siempre, también. Más cerca de mis pies, en la mesa, estaba mi portátil. Tenía la pantalla apagada, pero estaba encendido. Estaba escribiendo, hacía un rato. Más cerca de mi cabeza, estaba mi piano de juguete. Sigue estando ahí. Y no se moverá en unos días. Entre el piano y el ordenador, mi móvil, sin llamadas, y sin mensajes. Y mi libro, claro.

Encima de la chimenea, el reloj. Medianoche, en punto. En el otro sofá, al lado de la mesa, hay alguien acurrucadito. Iluminado débilmente por la luz de la ventana, y no por la de la tele, como el resto del salón. Ese era yo. Y lo sigo siendo. Como siempre, miraba el suelo. Pensando. Que me sentía solo. Que, a pesar de mi familia, y mis cosas, faltaba algo. Que faltaba alguien. Que sigue faltando- [...]

Y tú... ¿Qué haces? ¿Donde estás...?


[…]


Acurrucado en el sofá, Bella sigue su vida, la luz me estará iluminando, y mi abuelo seguirá durmiendo. Pero, otra vez... ¿Y tú?¿Por qué no estás...?


[…]


Bella volvía a gritar. Le rompió la pierna. Temía por su vida. Otra vez... Gritaba. Un grito agudo, de dolor. O de furia. O de tristeza. Edward no estaba. Su Edward, no estaba. El sonido era agradable.

La madrugada se colaba por el reloj. En el porche, el búho ululaba a lo lejos, detrás de los pinos, debajo de las estrellas, que tampoco veía, pero que sabía que estaban... En el porche, la tenue y amarillenta luz se apagó.

miércoles, 24 de junio de 2009

Tú (carta secreta a alguien o a nada)

Tú. Sí, tú. Que eres la persona que más odio precisamente porque eres la unica persona a la que querré. Que eres la persona en la que más he pensado, y ni si quiera se si te conozco. Tú, que no eres más que una mentira... o más bien un engaño benéfico. Tú, que no lo has pensado nunca, pero que eres como una de esas canciones que tanto me gustan... como Maggie May... Que haces que sea raro lo normal. Que me confundes y me pierdes. No das más que dudas, y por el momento, ninguna respuesta. Tendré que esperar. Pero solo por mi, porque necesito encontrarte... de una vez por todas. Si es que existes, claro.
Asi concluiré algo para un blog semiabandonado, por tener una historia más alegre de lo que puedo continuar escribiendo, o porque solo he tenido tiempo para pensar en ti y en poco mas.
Como para celebrar que llevo dos meses si escribir nada... o para celebrar que voy a seguir escribiendo... Como un regalo para ti. Como ese que tal vez me hayas hecho, pero que suena demasiado bonito para ser verdad...

sábado, 25 de abril de 2009

Historia sin nombre - Niyebe (descripción)

Tenía cara de chica normal, de chica de su edad. Y aparentaba unos catorce años. No destacaba por su altura, medía casi un metro setenta. Tampoco parecía muy delgada o muy gorda. Simplemente parecía normal.

Su pelo lacio, u ondulado si no se peinaba, caía de su cabeza hasta su pecho. Era castaño, parecido al color del pino. Y no lo llevaba demasiado peinado, nunca. No se le veía ninguna raya, ninguna trenza, ninguna orquilla, nada, siempre llevaba el pelo suelto, algún día más despeinado que otro.

Su cara era un poema. Siempre estaba abstraída, pensando en quien sabe el qué. Era normal, tampoco le hacían mucho caso. Solo hablaba cuando alguien le hablaba antes. Pero cuando hablaba, lo hacía por los codos. Movía sus labios carnosos y te contaba mil cosas. Y se acababa teniendo una conversación. Siempre te miraba a los ojos, con sus ojos marrones, que parecían dos lunares en su cara pálida, su cara ovalada. Tenía una nariz recta, y no era muy grande, pero tampoco muy pequeña. Tenía una voz que se parecía al olor de una fresa, pero nunca se echó una fragancia de fresa, ni nada parecido. Simplemente, tenía voz de fresas.

Le gustaba vestir de colores, no le gustaba la monotonía de las modas. Y siempre andaba rápida, y ligera, como una pluma. No se la oía al andar. Le gustaba andar rápido, porque le gustaba correr, y tenía las piernas largas.

Era una de las pocas cosas que le gustaban. La otra, sin duda, la música del siglo pasado. Le gustaba el jazz, el soul, y sobre todo, el rock. No lo aparentaba, pero en el fondo, ella era una rockera de los sesenta y de los setenta.

Parecía huraña. Siempre estaba en su mundo, escuchando música, dibujando, escribiendo… Pero en el fondo, le gustaba la compañía. Su problema podía ser que pasaban de ella. Y si ella intentaba que le hicieran caso, le decían que era una pesada. Y eso que a la gente le gustaba hablar con ella, pero tenían que empezar ellos la conversación, no podía ser al revés. Y a ella eso la ponía triste.

Solía estar triste.

Y, eso, que en el fondo, era la chica más normal del mundo. Tenía sus hobbies, le gustaba la compañía, aunque la pobre no tenía demasiada, buscaba a un chico… Lo que haría cualquier chica de su edad. Probablemente sea por eso mismo por lo que le digan que es rara.