miércoles, 10 de febrero de 2010

Historia sin nombre - Capítulo 14 - El Caballo de Hierro

Llovía. La interminable tormenta tal vez fue lo que nos despertara, o tal vez Rick, cuya única intención había sido, en un principio, entrar y vestirse, curioseando por la puerta. El caso, es que a sobre las 10 me desperté, mientras ella seguía dormida, con una carita tan feliz en su rostro que me daba gusto solo de verla. Y yo pensaba que había dormido más de una vez con alguien al lado, incluso con ella. Pero nunca me había hecho sentir tan bien. En aquel momento, me sentía completo, y feliz, muy feliz. Era evidente que me gustaba.
Y pensar en el hecho de que me gustase alguien me hizo mirar al pasado, al pasado de cuando estaba en el internado. Tendría 6 o 7 años. Rick era ya mi mejor amigo, pero le conocía poco. Las habitaciones eran diferentes, estaban llenas de juguetes, y hacíamos muchos juegos. Me llevaba bien con la clase. En verdad, todo lo que recordaba de esa época me parecía bonito. Luego todo cambió. Y además, literalmente, en el sentido de la frase. Los demás niños se iban haciendo mayores precipitadamente, como si quisieran ser mayores. Ya jugaban a ser adultos. Yo ni me planteé que quería hacer de mayor, o si quería crecer. Realmente, Rick y yo fuimos lo que menos cambió en todo este tiempo. Por eso los demás nos empezaron a caer mal, y viceversa. Y estuve pensando en qué habíamos cambiado. Evidentemente, habían llegado las hormonas. No estábamos tan salidos como otros de la clase, y nuestra forma de pensar, de ver las cosas, tampoco había cambiado mucho. Solo que ahora era algo más oscura, y completa, y nos pasábamos más tiempo razonando las cosas. No es que necesitásemos ahora saber el por qué de las cosas, por que de niño también lo habíamos hecho. Solo que ahora, cuando en la infancia nos habríamos quedado con ganas de saber la última parte, la entendíamos. Esa era la parte oscura, la que había cambiado en el razonamiento. La infancia es una verdad a medias; una mentira completa, genial y absoluta, en la que éramos felices, aunque tuviéramos problemas. Una mentira que desembocaba en la adolescencia. Me habría gustado que fuera más larga.
Pero había acabado. Las hormonas y las verdad completa que queríamos saber de niños la habían desterrado. En el fondo, esa curiosidad de niños es lo que se supone que coincide en el adulto como en el niño. Es lo que al niño le conduce a la adolescencia, y cuando se hace adulto y pierde esa curiosidad, se va volviendo de lo más tonto y aburrido. Así que, la curiosidad nos llevó a dos cosas, a las hormonas, y a complementar los razonamientos y la curiosidad con las cosas más oscuras que te ocultaban en la infancia.
“You'll be all alone when animals cry. All by yourself inside infancy's lie.”, dijo Jim Morrison, el cantante de The Doors, alguna vez. No entiendo bien que es lo que dice, pero suena bien.
Pero dejaré de filosofar. En este momento pensé que debería escribir esto después de hacer todo lo que teníamos que hacer por la tarde, y volví mi mente al pasado de nuevo.
Hubieron unos días en los que Rick había estado castigado sin salir a los patios porque había se había peleado con algún chico. Si os preguntáis como caben varios patios en un solo rascacielos, tiene fácil respuesta; uno encima de otro y luz artificial. Los únicos naturales eran los de las azoteas. Por aquel entonces, nuestras habitaciones estaban en los pisos mas bajos, y solíamos salir al patio a jugar muchas tardes.
Aunque me llevaba bien con los demás, sin Rick me sentía solo, y me faltaba algo. Estuve dando vueltas un rato, hasta que terminé por sentarme en un banco. Miré a mi alrededor, y encontré otro banco. En él estaba sentada una chica. Claro, yo me pasé un buen rato mirándola. Tal vez fue la primera chica que me gustó. Al cabo del tiempo, ella se dio cuenta de que estaba allí, mirándola. Ahora, si tuviéramos esta edad, yo habría cesado de mirarla, avergonzado, y ella, entre avergonzada y enfadada, miraría a otro lado. Pero eramos niños, y eso lo cambiaba todo. Ella se quedó mirándome, y yo seguí mirándola, hasta que me levanté y me senté a su lado.
Estuvimos toda la tarde así. Al rato, empezamos a hablar. Yo le conté por qué estaba allí. Y ella, después, me dijo que no tenía amigos.
-¿Que no tienes amigos?
-No sé... todos son tontos.
-Sí, un poco... Mi mejor amigo es Rick. Pero en verdad no tengo más.
-Yo no tengo ninguno.
-¿Puedo ser tu amigo? - Recuerdo perfectamente como me miró. Sus ojos ámbar habían mirado a casi todos lados durante esa conversación. Pero en ese momento, los clavó en los míos, con una sonrisa de ilusión.
-¿De verdad?
-De verdad.
-Sí. ¡Tú serás mi primer amigo!
-¡Y tú mi primera amiga!
Estuvimos hablando un rato más, pero llegó la hora de despedirse. Quedamos en el mismo sitio y a la misma hora, para el día siguiente. Ya estaban llegando los tutores a por nosotros. Por entonces nos hacían dormirnos muy temprano, y estábamos más controlados. Vi cómo se alejaba su corta melena, y quería seguirla. Pero mi tutor ya había entrado en el patio.
Cuando llegué a mi habitación, decidí que no le contaría nada de esto a Rick. Sería mi pequeño secreto. Me dormí pensando en ella, y cuando me desperté, estuve todo el día esperando a que llegara el momento. Pero, cuando llegó, ella no estaba. Me pasé toda la tarde esperándola. Así, casi todos los días siguientes.
Cuando Rick dejó de estar castigado, me costaba escabullirme para ir a esperar a que ella viniera, pero aún así, lo hacía, decidido a no contárselo. Pasaron más días, y empecé a pensar que me había enamorado de ella. Cuántos más pasaban, menas tardes iba a esperarla. Pero, cuando me acordaba de ella, iba, aunque sabía que ella no iba a venir. La última vez que fui, fue una tarde muy triste, en la que lloré mucho, y en la que me puse a recordar. Y cuando la recordé, bajé inmediatamente decenas de pisos hasta aquel piso. No pensaba que iba a encontrarla, no tenia ninguna esperanza de que la volviera a ver. Pero fui. Tal vez por que no tenía nada que perder, no sé, no me lo planteé.
Los niños me miraban raro. Ciertamente, era un extraño allí. ¿Qué podría hacer yo aquí? Ellos pensaban que era mejor jugar con los chicos mayores. Pero, con mi cara de tristeza, no se atrevieron a preguntar. Solo uno, un chico de unos 7 años. Le contesté a duras penas que estaba esperando, que había quedado allí con otra persona, y cuando se fue, hundí la cabeza. Vinieron los tutores a por los chicos, y salí con ellos del patio. Subí a mi habitación, y terminé los deberes. Fui a ducharme tarde, como de costumbre. Y tardé una eternidad, para variar. Al salir, vi a una chica. Tenía las piernas bonitas, y por pensar esto, casi me da un buen guantazo. Sí, claro que esa chica era Tina. Pero era Tina, la chica que estaba al otro lado de la cama, no la otra chica, de la que no sé nada. No miraban igual.
Tanto pensar en el pasado me hacía echarlo de menos, aunque después fuera muy duro [...]

Estábamos tan cerca que nuestras caras se rozaban, sin tener en cuenta en qué almohada tendrían que estar. Y yo no sabía que hacer... Habría que levantarse y preparar todo ¿no? Únicamente, quería con todas mis ganas abrazarla. Pero, ¿que pasaría si se despertase? A lo mejor me abrazaba ella a mí, como si me daba un guantazo. Me moví un poco, apenas unos centímetros, pero ella abrió los ojos, clavados en los míos. Se acercó un poco más... y se incorporó, para sentarse en la cama.
-Buenos días -dijo.
-¿Con el tormentón que hace?
-Sí.
-Está bien. Buenos días – me callé, y me quedé mirándola, atontado.
-Deberíamos ir a desayunar, terminar de preparar las cosas por ahí abajo, y preparar nuestro equipaje.
-Sí, pero hay que empezar por hacer las camas. ¿Y qué pasa con la mansión?
-Pues... hoy no da a tiempo a terminarla. Ahora no vamos a recoger todo eso, no hay tiempo, si acaso luego.
-¿Recogerla? Yo tengo otra idea. ¿Por qué no nos la llevamos a donde vayamos? Con dos cajas llenas de piezas, que podemos seleccionar, nos iría de perlas.
-Vale. Se supone que en el equipaje podemos llevar lo que queramos, así que no hay problema.
-Tengo curiosidad. Quiero saber que hay fuera, donde vamos. -le dije, cambiando de tema como cambiaban mis pensamientos.
-¿Qué puede haber fuera?¿Bosque, montaña, mar, prado?¿Crees que Jane y los otros lo saben?
-Saben más de lo que dicen, pero eso no lo saben, no pueden saberlo. Solo pueden fijarse del clima, y eso indica que estamos en la zona templada. Con la historia, se podría saber más exactamente, pero no sé...
-Bueno, no te preocupes. Ya queda poco.
-Vamos a desayunar.
Fue un día de lo más ajetreado. Pusimos el colchón de nuevo en su sitio, y estuvimos abajo gran parte del tiempo, dándole los últimos retoques al “tren”, ordenando todos los trastos que habíamos dejado a lo largo del tiempo, limpiando el polvo y los restos de piedra de las excavaciones... Ya la habíamos unido al otro túnel. Estaba muy oscuro y olía raro. No se veía nada, y daba algo de miedo. No me gustó nada estar allí cuando estábamos instalando las vías. Pero finalmente las instalamos, ya unos días atrás. Cuando terminamos con esas cosas, a mediados del atardecer, nos centramos en el equipaje. Nos dijeron que nos lleváramos ropa de todo tipo, y con razón, por que no sabíamos a donde íbamos a llegar. Ya habíamos decidido lo que nos íbamos a llevar para montar el campamento. Sobretodo lo habían decidido los mayores, que entendían más del asunto. No sé muy bien que estaban tramando, tal vez fuera una sorpresa.
Yo ya le había dicho a Drake que me iba a llevar los legos a donde demonios fuéramos, y él aceptó, riéndose.
-No pensé que te fueras a enganchar tanto y tan rápido – me dijo.
Y claro, estábamos todos muy nerviosos. Teníamos que levantarnos temprano al día siguiente para empezar el viaje. Y no nos podríamos dormir, claro que no. Afortunadamente, el ajetreo cansa.
La ducha y la cena estuvieron llenas de ensoñaciones. Y cuando terminamos, fui a mi habitación a escuchar música, y a escribir todo esta parte del capítulo. Cuando Rick llegó, lo único que hice fue bajar el volumen. Cuando terminé, media hora después, casi a la medianoche, me caía de sueño. Apagué el ordenador, lo metí en la maleta, junto a las pocas cosas que realmente eran mías, y la ropa que había cogido de esa casa, desde bañadores, hasta abrigos. Al meterme en la cama y apagar la luz, sentí una extraña sensación. Iba a tardar en acostarme allí de nuevo hasta la próxima vez. Ya había dejado atrás mi primer hogar. Ahora iba a ser la segunda.

Se abrió la puerta de nuestra habitación. La única luz que había en toda la casa era la del salón. Drake entró en el cuarto y nos despertó a Rick y a mí. Yo me levanté en cinco segundos, porque sabía, por costumbre del internado, que si tardaba más de eso, me costaría mucho más levantarme. Rick tardó un poco más en despejarse, pero finalmente se levantó.
-¿Ya es la hora? ¿No podemos irnos más tarde?
-No, de momento hay que levantarse y acostarse temprano -dijo Drake, asustándonos- hasta que lleguemos. - Suspiré, aliviado.
-¿Por qué? No le veo utilidad. Aún no debe de haber amanecido... - le contestó Rick.
-Por que en la naturaleza hay que moverse con la luz. En la noche, no somos nadie, debemos descansar, y montar un sistema de alarma por si acaso.
-Por si acaso... ¿qué?
-Rick, no sabemos que hay fuera. No sabemos cuales pueden ser los animales, ni cuales los peligros.
-¿Y habrá que montar guardia por la noche?
-No, -dijo Drake, haciendo una pausa para reírse un poco- no te preocupes, de eso se encarga Esteban, que no necesita descansar tanto como nosotros.
-Y cuando lleguemos, ¿por qué no vamos a seguir haciendo guardias ni nada de eso?
-Por que no estaremos tan a la intemperie. Montaremos un buen campamento, y no dormiremos todos al lado del tren – y ahora, yo, que había estado escuchando toda la conversación sin mediar una palabra, pregunté.
-Drake, ¿dónde vamos?
-No lo sabremos realmente hasta que lleguemos. Pero sí, tenemos un rumbo, aunque queremos que sea una sorpresa. -
No dije nada más. Rick bajó de la litera, y nos estuvimos preguntando que demonios habría querido decir con eso. La sorpresa... ¿sería buena?¿No nos habríamos metido en la boca del lobo?.
Salimos de la habitación, llevando ya las maletas -y las cajas de lego con la mansión- al salón, dejando las camas deshechas.
Fui al cuarto de baño, y después, al salón a desayunar, con los demás. Estábamos todos algo atontados, medio dormidos. Cuando nos dijeron que nos levantaríamos temprano, habíamos pensado sobre las 8 o más tarde. Pero era aún más temprano que cuando me despertaba yo en el internado. Apenas estaba clareando...
Aunque no tenía mucha hambre, desayuné más que los demás, porque aquí podía desayunar sin seguir un estricto horario, como en el internado. Así que desayuné un buen tazón de cereales y unas tostadas con mermelada. Y cuando terminé, el último, recogimos la mesa, pusimos lo que había encima en una bandeja, y se lo pasamos a Mary por el ascensor. Mientras se iba y volvía, cogimos el equipaje, y esperamos delante de la puerta del ascensor. Toda la casa estaba ya a oscuras. Seguía lloviendo. El ascensor subía...
Las puertas se abrieron. Una luz resplandeciente salia del ascensor, y dejó la habitación azulada, como cuando estás en el ordenador a oscuras. Empujamos las maletas y cajas hacia dentro, y después entramos nosotros. Había utilizado muchas veces el ascensor para bajar a la estación. Pero esta era la más emocionante. Cuando se cerraron las puertas del ascensor, sentía que íbamos hacia la aventura, como si esta vida fuera un libro. Volvía a sonar la misma canción del día cuando llegué. Pero ahora la reconocí, era Shine on You crazy Diamond.
-El tren se llamará “El Caballo de Hierro” -dijo Drake, ilusionado. -Como los trenes de carbón de las viejas películas.

Ya abajo, montamos todo el equipaje en la parte de atrás del único vagón que formaba el tren. Las paredes y la puerta que hacían de maletero, estaban hechas de un material plástico que era ligero a la vez que resistente, al igual que la parte de adelante, que era una cápsula en la que había asientos en su interior. El ordenador y los sistemas estaban entre el maletero y esa cápsula. Por lo visto, en esos sistemas, llevábamos una sofisticada máquina capaz de hacer casi cualquier comida a partir de materia orgánica. Suena a chisme raro, y lo es, pero se basa en principios muy simples; todo lo vivo está formado aproximadamente por los mismos tipos de moléculas. Una vez sabe de que moléculas se forman los alimentos, solo tiene que obtenerlas a partir de otras cosas para obtener el alimento deseado. Y luego, cocinarlos, pero al parecer eso era lo de menos.
Yo no me lo podía creer. Aquello parecía de ciencia ficción, pero había que tener en cuenta dos cosas, se basa en un principio simple, y no sabía en qué año estábamos. Según Esteban, Mary la utilizaba en la ciudad para cocinar, pero realmente, los alimentos se encontraban en cualquier sitio, y no hacía falta transformarlos a no ser que se quisiera algo muy concreto. Supuse que nos llevaríamos otras cosas geniales que necesitábamos, aunque no lo sabíamos, en el equipaje. Pero preferí descubrir el qué más tarde.
El tren estaba ya en las vías, lo pusimos allí cuando terminamos de montarlo. La cápsula se abría hacia arriba, dejándonos entrar. Había 13 asientos, los justos. Delante había uno solo, separado de los demás, donde iba Esteban. Detrás había un pasillo, que separaba tres filas de asientos. En cada fila, había dos asientos a un lado, y otros dos al otro. Pero todos tenían pedales adelante. Realmente, el vehículo era del tamaño de un dormitorio, pero más bajo. Para dormir durante el viaje, si queríamos dormir tumbados, tendríamos que acampar.
Ya colocado estratégicamente el equipaje, de forma que las cajas estuvieran abajo, las maletas de forma intermedia, y los sacos de dormir y lo útil para el viaje, arriba, cerramos el maletero. Tenía la puerta en el lado derecho, y estaba hecho de una especie de plástico similar al de la cápsula de la parte delantera del vehículo, pero este era más grisáceo y opaco.
Nos montamos. Rick y yo nos sentamos juntos. Íbamos en la segunda fila, en la de la derecha. El estaba pegado al cristal de la capsula, y yo al pasillo. Delante nuestra estaban Jane y Drake, de copilotos. A la izquierda estaban Tina y Clara, esta última pegada al cristal, dejándonos a Tina y a mi más cerca. Esteban era ya el único que quedaba fuera. Desenchufó el cable al que estaba enchufado el vehículo. Se encendieron las luces de el vehículo, que estaban en la parte frontal, y dos más débiles a la izquierda y la derecha. Fue en dirección al ascensor. Abrió la caja de los controladores de los sistemas, y movió unas palancas. Se apagó la luz, y sonó el eco de la puerta de esa caja al cerrarse, y sus pisadas acercarse. Todos estábamos inmóviles, y en silencio. Finalmente, saltó dentro del tren, y se sentó en su sitio. La cápsula se cerró, y aunque esto pudiera parecer dar un mayor sensación de claustrofobia, nos sentimos todos aliviados. Estábamos separados de la oscuridad opresora del exterior, y nos sentíamos más a salvo.
-Venga, a pedalear – Nos dijo Esteban.- Cuando lleguemos al túnel por el que tuvimos que cavar, encenderé las baterías. Antes es más prudente ir lentos.-
Al comenzar a pedalear, apenas nos movíamos, pero poco a poco el vehículo ganaba más velocidad. En unos minutos llegamos al cruce con el otro túnel.
-Dejad de pedalear. El tren seguirá adelante por la inercia, siguiendo la vía que gira hacia el otro túnel.-
Dejamos de pedalear inmediatamente. A mi me volvió a entrar miedo. Ese túnel estaba demasiado oscuro. Además, ¿y sí no habíamos puesto bien las vía...? Pero no me dio tiempo a pensar más en eso, porque estábamos girando, y el giro salió bien. Entonces me entró el miedo y la tranquilidad simultánea de saber que habíamos llegado al otro túnel. Tenía dudas.
-Rick, ¿hay aire en el túnel?¿No nos quedaremos sin poder respirar? - él no supo que responder para ahuyentar mis miedos. Así que respondió Jane.
-No temas. Hay aire. Y en el caso de que sea peligroso de respirar, tenemos filtros. Simplemente, deja de preocuparte, piensa que en unas horas, saldremos al mundo exterior. Fuera de la ciudad. Con todo el día por delante.
-Encendemos baterías, y volvemos a pedalear. -dijo Esteban, cortando la conversación. Le hicimos caso, y seguimos hablando.
-Pero... tanta oscuridad me agobia.
-Albus, ¿has oído alguna vez los pájaros piar?¿Has visto a los bosques crecerles las hojas, o a algún animal? - contestó Drake, de repente.
-...No.
-¿Y quieres conseguirlo?
-Sí.
-Pues este tren va en esa dirección.
-Entonces... ¿eso es en lo que discordáis con el gobierno, en que no os deje salir el exterior de la ciudad?
-No exactamente. Queremos salir de la ciudad, ver la naturaleza que nos ocultan. Pero queremos entender por qué lo hacen, y quien es el que se encarga de decidir todo eso. Todo lo que hay dentro de la ciudad está genial, sin que nadie se encargue de solucionar problemas que se solucionan como por arte de magia. La policía está meramente “por si acaso”. ¿Y quién maneja a la policía?¿Quien vigila los problemas, y quién los soluciona, sin que nadie se dé cuenta? -
Nadie respondió. Nos pasamos un rato pedaleando en silencio, dando vueltas a nuestros pensamientos, formulándonos montones de veces esas preguntas sin obtener ninguna respuesta. Hasta que Ithin rompió el silencio.
-¿Podemos poner música?
-De acuerdo -contestó Jane- Pero, ¿de dónde sacamos la música?
-Albus tiene un montón en su ordenador, además de buen gusto.
-Sí, pero mi ordenador está apagado y en el maletero. Jane, ¿no tenéis música en vuestros ordenadores?
-Claro que sí, pero ahora mismo está encendido solo el principal para que lo maneje Esteban, y ahora no alberga ni una sola canción, porque esas partes del ordenador están desconectadas, para ahorrar energía.
-¿Tanta falta nos hace ahorrar energía? - preguntó Ithin.
-Y tiempo. Para poner música, tendríamos que parar el tren y coger el ordenador. Poner altavoces restaría energía de las baterías, y cuanta más les dejemos, más rápido podremos continuar el viaje.
-¿Qué pasaría si se agotasen? - saltó Nil, viendo el lado negativo como de costumbre, en la conversación.
-Pues que para llegar al exterior, tardaríamos, por lo menos, el triple, y os moriríais de aburrimiento.
-De todas formas, aún con baterías, el viaje es largo, nos vamos a aburrir. ¿Qué hacemos? - siguió Ithin. Drake le contestó.
-... Creo que vais a querer matarme por esto, pero en el fondo es una buena idea. Podemos dar clase de algo. - Inmediatamente todos nos quejamos y formamos un barullo enorme.
-¿Te has vuelto loco? - le dijo Rick, en serio y en broma, de él nunca se sabe.
-No, todo tiene su lógica. En clase, cuando os aburrís, os ponéis a pensar, o sino, incluso atendéis. El tiempo se pasa más rápido que en silencio, sin hacer nada más que pedalear y sin poder parar de hacerlo. Incluso si no atendéis. La sensación de hacer algo que sabes que no deberías hacer y que estás haciendo es divertida. No digo que sea siempre lo mejor, pero...
-Sí, Drake, tienes razón. Si piensas que te puedes meter en un lío, es la mar de divertido. -Continuó Ithin por Drake – Pero no atender a la explicación no es precisamente meterse en un lío.
-Uno piensa mejor cuando pasa de escuchar lo que intentan que escuche, sí. -Concluí yo.
-Entonces, lo que hace falta aquí, es una buena y larga clase de historia, por cortesía de Esteban -añadió Jane.
-De acuerdo, empezamos la clase. Podéis dormiros si queréis, pero solo si sabéis dormir pedaleando. Al principio de la historia, lo primero que se conoce es la civilización que vivía en Oriente Medio, a orillas de los ríos Tigris y Eufrates...-
Al principio estuvimos escuchando lo que decía. Pero, de vez en cuando decía algo, que me hacía pensar en otra cosa, y derivar y derivar a partir de eso, hasta darme cuenta de lo que estaba diciendo Esteban y volver a meterme en la senda de la historia. De vez en cuando le hacíamos preguntas, como por ejemplo, sobre los nombres de los dioses. Si eran dioses, tenían que tener un nombre importante, con algún significado. Y no entendíamos en lo que consistía un dios. Ninguno de nosotros creíamos en ninguno. La ciencia podía explicar todo, o casi todo. Lo que no explicaba, dábamos por hecho que necesitaba más investigación, o, simplemente, que éramos capaces de comprender la ciencia hasta un límite, y que, a partir de ahí, eramos incapaces de ver más allá de nuestras narices.
Las religiones dicen que hay un dios que creo todo eso que no entendemos, además de cosas que ya sí entendemos. Nosotros, simplemente decíamos que no lo entendíamos. Igual que no sé hacer una ecuación de tercer grado, no sé con certeza como se creo el universo. De la misma forma que no sé en qué está pensando Tina, no sé el origen de la vida.
Pero lo puedo aprender.

Iba avanzando la historia, Esteban seguía con sus explicaciones y narraciones. Fenicios, Griegos, Romanos... Yo me empezaba a cansar de pedalear, como los demás. Pero tenía la mente más entretenida. Reflexionaba sobre lo que decía Esteban. Nunca me había interesado tanto la historia. Aquí no debía de hacer actividades de vez en cuando, ni hacer esquemas de lo que nos enseñaban. Solo escuchar, y no necesariamente.
La vía seguía más o menos recta. Apenas había sentido unas pequeñas curvas a lo largo del trayecto, largo, oscuro, y agotador. Y, de repente, Esteban cesó de hablar, acabada de empezar la Edad Media.
-Dejad de pedalear -Inmediatamente se formó un gran barullo, aunque dejamos de pedalear, y el vehículo se paró. Todos preguntábamos a la vez que pasaba. Esteban se estaba levantando de su asiento, y la cápsula que cubría toda la parte delantera del vagón empezó a levantarse, dejando entrar un aire húmedo, frío, y que olía a siglos. Todos nos callamos.
-Delante nuestra hay un sistema de puertas metálicas cerradas, pero por un sistema de cerrojos muy simple y antiguo. Y no necesita llaves, no os preocupéis. Las abriré en un periquete -bajó del tren, al tiempo que los focos iluminaron con más intensidad que nunca hacia delante.
Efectivamente, habían justo en frente nuestra, a 5 metros, unas grandes puertas de hierro oxidado que ocupaban todo el túnel de lado a lado. Drake movió el cerrojo, y empujo cada puerta hacia un lado, de forma que se metían dentro de la pared, dejando fuera tan solo el asa y el cerrojo, para volverla a cerrar. Había otra puerta idéntica delante, a otros 5 metros. Daban mala espina.
-Pedalead hasta colocaros entre la 1ª y la segunda puerta. Tengo que cerrarla.-
Le hicimos caso, emocionados. Rick me preguntaba, susurrando, para no romper el silencio sepulcral que había, como podía Esteban haber visto esas puertas en la oscuridad y controlar el ordenador, aparentemente con la mente, y yo soñaba con una ciudad subterránea, tenebrosa y fantasmal, abandonada al otro lado de las puertas.
Volvimos a repetir el proceso. Teníamos ante nosotros la 3ª puerta, y la 2ª estaba cerrada. Pasamos, y se apagaron los focos. Teníamos ya delante la cuarta puerta. Por debajo pasaba un pequeño charco de agua y, ¡luz! Si había luz, es porque estábamos cerca del final. Se cerró la tercera puerta. Solo oía mi corazón desbocado y los chirridos que provocaba Esteban. Abrió la cuarta puerta, y nos pusimos frente a la quinta en segundos. Esa zona estaba más encharcada, y la puerta estaba abollada. Se colaba luz por el contorno de las puertas oxidadas.
Esteban cerró la cuarta puerta. Fue hacia la quinta y última, que con trabajo, abrió. Contuvimos un suspiro, deslumbrados.
La vía del tren continuaba cubierta de hierba bajo los árboles y el cantar de los pájaros.

sábado, 2 de enero de 2010

Historia sin nombre - Capítulo 13 - La mansión

Me desperté cuando empezó a clarear. El cielo estaba de un azul muy raro, aún no había salido el sol. No había nubes, y la ciudad empezaba a despertarse, al igual que yo. Tenía la sensación de que me iba a caer, y no al suelo de la azotea, sino al de abajo.

Moví el colchón de sitio y lo puse al lado de la entrada a la azotea, para no tener la sensación de que me iba a caer, y para poder ver el amanecer, ya que desde el otro sitio la baranda me tapaba el horizonte. Hacía mucho frío fuera de las mantas...

Me senté de nuevo, y me cubrí con las mantas, cansado. Se me cerraban los ojos, mientras el horizonte se volvía más y más rojizo. Hasta que algo brilló más que todo lo demás; el Sol. Poco a poco emergía más en el horizonte, empezaba a parecer una cúpula dorada. Me levanté, llevándome las mantas para no pasar frío. Me apoyé en la baranda... y miré hacia abajo. Me dio mucho vértigo. Impresiona mucho ver esa caída, esa sensación de estar a un paso de la muerte, estando medio dormido.

Seguí mirando al Sol. Ya era un semicírculo sobre el horizonte. Recordé que no era bueno mirar fijamente al sol, pero quería ver el amanecer. Era el primero que veía, y me gustaba. El circulo del sol iba cerrándose, elevándose en el horizonte. Y cuando ya era una esfera apenas flotante, allá a lo lejos, di media vuelta, cogí el colchón, y entré en el ascensor. Cuando llegué al salón, nadie se había levantado. Lo arrastré hasta mi cuarto, lo tire en el suelo, me tumbé sobre él, me tapé, y me volví a quedar dormido.


Rick me despertó cruelmente; quería venganza. Para empezar, mientras estaba empezando a salir del sueño, cambió el colchón de sitio. No sabía que andaba tramando. Oí levantarse la persiana. Un chorro de luz me dio en la cara. Y abrió la ventana, dejándome helado. Me levanté de un salto, y me puse de pié como pude. No podía ver nada. Le gruñí a Rick, con la voz ronca por el sueño:

-Me cago en to' los muertos de la ventana...

-Sí, buenos días, Albus. Son las 10. ¿Vienes a desayunar?

-Vale... - dije, mientras se reía entre dientes.

Y al poco, estábamos todos de nuevo ya en la mesa. Cada uno iba a lo suyo, unos comían más, otros menos... Yo me hinché a comer, me gustaba poder desayunar con tiempo y tomarme lo que quisiera. Además, me vendría bien si yo iba a cavar el túnel. Me sorprendió que Manau, Eudora y Gael desayunasen tan poco. Tal vez estuvieran acostumbrados a levantarse temprano en el desayuno, y al tener tiempo, ya no se daban cuenta de que comían menos. Yo, que siempre he desayunado en 4 minutos, aprecio mucho la diferencia.

Para cuando terminamos de desayunar, ya estábamos lo suficientemente despiertos como para empezar a hablar. Y hablábamos nerviosos, sabíamos que a cada día que pasaba estábamos más cerca de ir a algún lugar desconocido. De pronto Drake, Jane, y Esteban se levantaron. De inmediato los imitamos y seguimos, sabíamos adonde íbamos.


Era algo agobiante que todos nosotros estuviéramos en el ascensor, bajando desde el techo de la ciudad hasta sus cimientos. Me sentía como un minero, yendo hacia las profundidades de la tierra. Mientras bajábamos nos repartimos en grupos. Esteban, Niyebe, Tina, Manau, Ithin y yo, íbamos a empezar a montar el tren, y los demás, a hacer el túnel. Ese día apenas hicimos la estructura principal, la parte que llevaría las ruedas, y sobre la que iría todo lo demás. Ellos, a nuestro lado, habían montado en la tuneladora. En el garaje habían montones de piezas y chatarra, que seguramente Esteban y los demás había conseguido buscando por toda la antigua red de metro. Ellos habían encontrado una máquina que era casi idéntica a lo que querían, y ya habían conseguido su objetivo. Nosotros no lo teníamos tan fácil, habíamos tenido que soldar metales, aunque eso lo hizo Esteban porque precisaba más precisión. Nunca mejor dicho, es un máquina.

Mary nos trajo la comida abajo, y comimos en el metro. Hicimos una pausa después de comer, y después seguimos trabajando. Íbamos a muy buen ritmo. Así, en unos días, lo tendríamos todo listo. Sí, seguramente lo tuviéramos listo en unos días, pero acabaríamos reventados.

Mientras seguía las complicadas instrucciones de Esteban para montar el tren, estuve pensando. Me gustaba Tina. A ella la había estado mirando con otros ojos, por ella dormí en la azotea. Y que iba a hacer, ¿decírselo? Habían pasado muchos años desde la primera vez que me gustó una chica... o bueno, no sé si realmente me gustó, porque yo tenía 6 años. Tampoco me había planteado que era exactamente lo que quería del amor en la vida. En eso estaba pensando. No podía estar enamorado eternamente. Eso solo pasaba en los cuentos y en las películas. Pero ya estaba yendo demasiado lejos. Ni siquiera creía que yo le gustara a ella...

Y así fueron las cosas. Después de esto, seguí con el trabajo. Apenas tuve tiempo para que Drake y los mayores me explicaran lo que debería estar estudiando, y los demás tampoco. La semana transcurrió así; llena de trabajo.


La semana siguiente, estábamos cansadisimos. Tal vez exagere, pero creo que esa semana adelgacé un poco, y de tanto cargar y mover cosas, me puse más fuerte. Tampoco era muy difícil ponerme mas fuerte, teniendo en cuenta que apenas hacía deporte. Pero eso era lo de menos. No podía dejar de pensar en Tina, me era totalmente imposible. Los primeros días, simplemente quería estar con ella, hablar con ella... Pero los dos últimos días todo había cambiado. Habíamos hecho cambios en los grupos de trabajo, por variar, ya que los que estaban en el túnel estaban hartos de cavar y los que estábamos montando el tren estábamos desesperados. Así que no estaba con ella. Lo suficiente para qué, cavando en la oscuridad, el corazón me diera un vuelvo y no me dejara pensar en otra cosa que no fuera en ella, que si no me hacía caso, que si su sonrisa, o su mirada de chocolate...

Quería acercarme a ella. Iba a acercarme a ella, a hacerme más amigo de lo que ya éramos (véase capítulo 3 por ejemplo)... y en un momento dado, incluso le podría decir que me gustaba, que no es lo mismo que si quiere salir conmigo, por que para empezar, no saldríamos mucho, y no creía que le pudiera gustar a ella. Solo le contaría lo que siento hacia ella, nada más. Pero, incluso si llegaba a decírselo, aún quedaba mucho para ello.

Ese día, mientras cavaba, me centraba en lo que pensaba hacer. Es decir, iba a hablar con ella, y pienso que no puedo pensar la conversación de antemano, porque no puedo saber que me dirá ella. Pero podía pensar por donde quería que fueran los tiros.


Al día siguiente, nos dieron un descanso. Ya estaba todo casi listo, pero necesitábamos descansar tras la dura semana de trabajo, antes de lo que viniera después. Yo, después de aburrirme de estar tirado sin hacer nada, pensé en buscar a Tina, pero como quería hablar solo con ella, y ella no estaba sola, busqué otro quehacer. Fui a la habitación de los ordenadores a ver que estaban tramando, pero al pasar, vi la puerta del cuarto de Jane entreabierta, y, como curioseé echando una mirada, a ella leyendo. Seguí y entré en el cuarto. Drake estaba con los pies en la mesa, tomando un batido, y viendo una peli, y Esteban estaba más a la izquierda, perdido entre ordenadores. Cuando me oyó, Drake se sentó bien de un salto, pausó la película, giró en la silla, y me saludó.

-Hola, Albus ¿Qué pasa?

-Drake, no sé que hacer. Después de tanto trabajo ahora no veo nada que hacer por ninguna parte y me desespero.

-Si lo que quieres es seguir con las lecciones, olvidate, porque yo si que he encontrado algo que hacer. ¿Quieres verla tu también?

-No, mejor no -me callé un momento, y recordé una cosa, totalmente por casualidad- Oye, Drake, en esta casa hay muchos armarios. Están para guardar la ropa, pero la otra vez sacaste dos televisores del armario del fondo de esta habitación. Supongo que habrá más ordenadores antiguos y eso, pero... en alguno, ¿hay algo más? -Drake pensó un momento antes de continuar.

-Sí, pero no demasiadas cosas. Hay legos.

-¿Legos?¿Qué es eso? -estaba muy sorprendido, no había oído la palabra en mi vida.

-Sí, legos. Es un juguete. Se inventó en el siglo XX, y en el XXI era muy popular al parecer. Yo tengo muchos, y quien sabe cuantos años tendrán. Son de plástico, así que no se degradan, solo pueden romperse.

-Pero... ¿Qué es?

-Los legos consisten en montar cosas, cualquier cosa, a partir de muchas piezas pequeñas, de muchos tipos. ¿Quieres verlos?

-Sí -le contesté, ilusionado. Y mientras íbamos por la estrecha habitación molestando a Esteban, al que las vibraciones que producíamos en el aire y en el suelo al movernos molestaban sumamente al intentar arreglar una placa base con precisión microscópica, le pregunté:

-Pero, Drake, ¿por qué tienes tú estos juguetes tan antiguos? Quien sabe, pueden tener miles de años.

-No estoy seguro... a mi padre también le gustaban, y me los dio cuando era pequeño. Jugaba mucho, me encantaban. Me siguen gustando, pero apenas juego con ellos.

-¿Me dejas jugar un rato?

-Claro.

Y así, sacamos unas cuantas cajas de plástico llenas de piezas, llevándolas para molestia de Esteban hasta mi cuarto. Y en cuanto Drake se fue, destapé una caja, y me puse a curiosear. Estuve un rato mirando las piezas, sin entender bien como funcionaba eso. Cogí dos, y aprendí a encajarlas. Así descubrí unas cuantas piezas, y el funcionamiento general de las cosas. Recordé lo que había estado haciendo antes. Había buscado fotos de mansiones y castillos. ¡Ya sabía qué podía construir!

Busqué una plataforma grande, y que tenía desniveles, y empecé. Al principio puse piezas grandes para hacer las paredes, pero luego me di cuenta de que si hacia eso, luego era todo lo que pusiera encima era menos estable. Así que las empecé a hacer entrelazando muchas piezas pequeñas. Quedaba de un solo bloque, que era como yo quisiera, pero era como un puzzle, porque tenía que buscar las piezas del color que quería (gris piedra) y hacerlas encajar, respetar los bordes y girar en las esquinas.

Alguien se acercaba por el pasillo. Se quedó en la puerta, mirando, para mi alegría, a mi y al suelo cubierto de piezas

-Tina, no te quedes en la puerta; pasa, que ni yo ni las piezas mordemos.

-Hola Albus, ¿qué estás haciendo? ¿otra vez construyendo extraños artilugios?- dijo Tina riéndose pícaramente.

-Que yo sepa es la primera. ¿Cuándo he montado antes cualquier chisme? -pero al instante me di cuenta- Es verdad, en el tren. -y me reí tontamente.

-Tú mismo lo has dicho -calló un momento, observando- ¿Y esto?¿Qué estás haciendo?

-Antes no sabía que hacer, hablé con Drake, y descubrí esto. ¿Sabes? se llaman legos, y consisten en montar cosas a partir de todas estas piezas pequeñas.

-Parece divertido... ¿puedo colaborar?

-Claro. Te explico, de momento, estoy haciendo el primer piso. Va a ser una mansion, o un castillo, de piedra, y quiero que tenga trampas y mecanismos. Como tiene desniveles, he pensado en hacer que las paredes lleguen hasta una altura común, para que haya salas altas y bajas, y sea mas facil hacer los siguientes pisos.

-Vaya, parece complejo, pero participaré. ¿Por dónde empezamos?

-Pues... no sé, por cualquier parte del primer piso. Vamos a hacer lo que te dije, las paredes. Pero las exteriores, las habitaciones las hacemos después. Y pon ventanas, y algunas piedras que sobresalgan, para que parezcan decoraciones del edificio. Un consejo, las paredes no las hagas con piezas grandes, hazla con las pequeñas, para tenerlas a la medida que quieras y que sean más sólidas.

-Vale, pues comenzémos con la misión.

-Tu por esta parte -dije señalando a la izquierda- y yo por la derecha, hasta que juntamos las paredes por los dos flancos, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.-

De ese modo, ambos nos concentramos en nuestro trabajo, y casi no nos dábamos cuentas de que el otro estaba ahí, menos cuando me fijaba en qué hacía y cómo, porque eso podía ayudarme. No hablamos mucho, solo de lo que estábamos haciendo, y de alguna tontería. Y después te un rato dándole a la imaginación, quedaban los puntos en los que tendríamos que unir nuestro trabajo. Eran los puntos centrales de la estructura, y eran los más bajos, por lo que la pared tendría que ser más alta para llegar a la altura de las otras. Una de esas sería la puerta, y de la otra decidimos hacer una fachada. Pusimos un pilar central, rodeado de dos ventanales grandes. Por lo alto pasaba una viga, y encima se repetía lo mismo, dando a la fachada 4 ventanas, con pilares y vigas entre ellas, que formaban un + de piedra. Sobre estas ventanas, pusimos otra viga, y dos frisos de leones a los lados. Cubriendo todo esto, pusimos unas piezas inclinadas que harían de tejas, sobre las que el edificio seguiría creciendo hacia arriba.

Para la puerta, nos devoramos la cabeza. Queríamos hacerla con engranajes. Girar uno, y que las puertas se abrieran, como por arte de magia. Utilizando magia sería mas fácil, pero con engranajes, no. Pusimos un engranaje fuera del edificio. Por esa parte de la pared, hacía girar a otros, que estaban de mero adorno. El engranaje que se giraba, que estaba sobre un eje, hacía girar un engranaje al otro lado de la pared. Sobre ese mismo eje giraban una cadenas, que al enrollarse sobre el eje, tiraban o jalaban de la puerta. Para que jalara, hubo que hacer un huequito en el muro para que una cadena saliera afuera, para engancharla a la puerta. El engranaje de dentro, estaba conectado a otro engranaje por arriba, y este igual otra vez, formando una fila de engranajes que pasaban sobre la puerta y llegaban a la misma altura, en la otra pared. Le pusimos un eje, para que hiciera lo mismo con la otra puerta. Y funcionó. Después de arreglar muchos pequeños fallos, ¡iba como la seda! Los dos contemplábamos el trabajo del otro, y de nuestra persona, por toda la construcción. Habíamos decidido poner una ventana igual los dos, cada uno en la cara opuesta del edificio, pero los demás detalles, cada cosita, la desconocíamos, y encontrábamos pequeños trucos en lo que había hecho el otro, y disfrutábamos viendo como el otro veía los nuestros.

Así fue como pasamos la tarde, y ya era de noche cuando llegamos a este punto. Nos duchamos corriendo, y luego fuimos a cenar. Luego, volvimos al cuarto, y seguimos construyendo.

No había plataformas tan grandes que se pudieran poner sobre los muros, así que teníamos que coger varias más pequeñas para hacer una sola planta, que sería la segunda, porque teniendo en cuenta que la plataforma sobre la que construimos todo el edificio tenia desnivelaciones, estas mismas hacían la primera planta, y las paredes llegaban a la altura de dos plantas. Pero no teníamos paredes interiores, solo exteriores, por lo que las plataformas no podrían sostenerse. En la parte central, que estaba sobre la planta baja, decidimos poner como suelo de una primera planta, una plataforma paralela a la puerta y a la fachada. Para que, suponiendo una escala real, pudiéramos subir hasta ahí, pusimos una escalera, que estaba en parte debajo del eje del mecanismo de la puerta izquierda. Las paredes de esa plataforma estarían mirando a la puerta y a la fachada, formando un pasillo que pasaba perpendicular sobre un gran vestíbulo. Las paredes decidimos ponerlas con esta estructura, yendo de una esquina a otra de la plataforma, pilar, ventana, pilar, ventana, pilar. Claro que, exactamente así, fue en la pared que daba a la fachada. En la otra, que daba a la escalera, donde estaría la ventana izquierda, sobre la escalera, dejamos un hueco. Es iba a ser la puerta. Por dentro, pusimos unas piezas que no tenían salientes para encajar, y que utilizamos para poder deslizar piezas por encima. Pusimos un muro, con el símbolo de una serpiente en el centro, sobre esta pieza. Si la ponías en la parte del hueco, parecía formar parte de la pared, pero si la movías, quedaba detrás de la ventana a la derecha del hueco, que dejaba ver el símbolo de la serpiente. Le pusimos unas piezas alrededor de la deslizante, para que el muro no se saliera al empujarlo. Para hacer esto más seguro, en la plataforma que haría el techo (y suelo de parte de la segunda planta) encajamos unas piezas por debajo con la misma función, solo que en vez de sostener el muro por abajo, lo hacia por arriba.

E irrumpió Rick en la habitación, dándonos un susto.

-Si hubiera un reloj de cuco en casa, acabaría de salir el cuco, porque son las dos. Mirad, no sé muy bien que estáis haciendo, pero ahora mismo no tengo ganas de participar, tengo sueño, y quiero dormirme. Mañana hay que trabajar otra vez para terminar las cosas, y quiero descansar bien, pero con vosotros dos ahí...

-Vale, -le corté- lo entendemos, pero ¿no nos puedes dejar un poco más?

-Me niego, quiero acostarme ya, y en el sofá está Jane, que se ha quedado allí dormida. Así que... eh, un momento, tengo una idea. Tina, con tu permiso, me voy a tu cuarto. Como esto va a dar para largo, tu te quedas aquí, nos cambiamos de sitio.

-Me parece estupendo. Buenas noches, Rick, que sueñes... con tu amor platónico, por ejemplo -Rick, con los ojos rojos y cara de sueño, rió con una cara de tonto magnífica.

-Buenas noches.

-Buenas noches -le contestamos.

Cuando salió, y cerró la puerta, le pregunté a Tina:

-Oye, ¿de verdad no te importa?

-¡Claro que no! A mi me da igual

-Pero, ¿qué dirá Clara? -A continuación sonrió pícaramente.

-No se lo digas a nadie, y menos a Rick, pero... Clara me dijo el otro día que le gusta Rick.

-¿En serio?

-Sí.

-No me lo esperaba...

Y poco después, seguimos, mientras le daba vueltas a lo que me acababa de decir.

Terminamos las paredes que iban, sin ventanas, desde las esquinas de la plataforma central hasta las paredes exteriores. Íbamos a empezar la 3ª planta, con las demás plataformas, pero no nos dio tiempo, por que nos estaba entrando sueño rápidamente; ya eran casi las 3. Iba a subirse a la litera de arriba, pero paró en mitad de la escalera, mientras yo la miraba sentado en mi cama.

-¿Qué pasa?

-Que... nunca he dormido en la cama de arriba de la litera, y como me muevo mucho, me da miedo de caerme de la cama... sobre la mansión y los legos. Ayúdame a bajar el colchón, vamos a ponerlo en el suelo-

Y lo hice sin rechistar. Para ello, primero hubo que despejar el suelo. Claro que no íbamos a recogerlo, eso era aburrido y no valdría para nada. Lo que hicimos fue moverlo todo a un rincón, pegado a la ventana. Allí, pegado a la puerta, tiramos el colchón desde arriba (ponerlo habría supuesto demasiada delicadeza para lo grande que era y el sueño que teníamos). Ella se tumbó, se tapó, y se quedó mirándome. Pienso ahora, lo fácil que habría sido decirle que no se preocupase, que no le pasaría nada si dormía arriba, o que yo dormiría arriba. Pero claro, la idea de dormir con ella a mi lado, simplemente por su presencia, me encantaba demasiado como para pensar en otra posibilidad. En cuanto a ella, no sé que habría pensado, supongo que no querría hacer moverme de mi cama.

Mi cama estaba sobre unas maderas, y estas sobre unas patas. Pero las patas eran muy cortas. Mi colchón apenas estaba cinco centímetros más alto que el suyo. Me tumbé, y me tapé.

-Buenas noches.

-Buenas noches -me contestó dulcemente, en un susurro.

Apagó la luz. Había cerrado los ojos, con la cabeza en mi dirección. Yo, con la cabeza sobre la almohada, la miraba a ella. Estaba algo iluminada por la luz que pasaba por la persiana. Estuve un rato así. Pero cerré los ojos. Y, mientras para estar más cerca, los dos nos acercábamos al borde del colchón inconsciente o conscientemente, me quedaba dormido, pensando, en que me sentía muy bien, en ella, en lo que sentía por ella... y en lo que pasaría el día de los preparativos para el viaje, mañana.



domingo, 22 de noviembre de 2009

Historia sin nombre - Capítulo 12 - La noche de las 3 estrellas.

Nos habíamos pasado el día hablando con los nuevos. Les contamos un poco todas nuestras vidas. Fue entonces cuando me enteré de que Ithin y Niyebe habían estado en el mismo internado, y que llegaron a la vez que Rick. Me parece una estupidez no habérselo preguntado antes, pero es lo que pasa cuando uno tiene tantas preguntas por hacer.

Ellos nos contaron que eran los mejores amigos, los unos de los otros. En su internado siempre estaban juntos, y también estaban en desacuerdo con todo el sistema. Opinaban que cuando terminaran los estudios, todo lo que les ocurriría, su trabajo, e incluso tal vez su familia, estuviera ya programado, hecho de antemano, por el gobierno. Se sentían acosados, no sabían que hacer. Yo, sin embargo, me he metido en la boca del lobo arrastrado por los demás, sin estar del todo convencido. Yo no me había planteado todas esas cosas hasta entonces. ¿Cómo demonios se me iba a ocurrir todo eso?

Estábamos en el cuarto de Niyebe... y bueno, también de Gael, porque lo compartían. Y después de hablar de todo eso, salimos a otra parte del edificio, mientras les contábamos como jugábamos nosotros al escondite. Manau lo aceptó todo con una sonrisa, al parecer de acuerdo. Eudora se mostraba sorprendida, pero impaciente por empezar. A Gael fue al que más le impresionó que jugáramos al escondite. Al principio puso alguna pega, pero acabó jugando. El resultado fue que, a la hora de comer, o mejor dicho, a las cuatro, cuando al fin comimos, todos estábamos satisfechos después de varias intensas partidas al escondite. Gael, Nil y Eudora estaban muy sorprendidos, entre la partida que tanto les había acabado por gustar, y toda la comida de la mesa. A mí también me causó gran impresión cuando llegué por primera vez. No es que la comida que nos dieran antes fuera poca, o mala, sino que esta era mejor, esta no estaba pensada como alimento de miles de niños.

Me di cuenta de que estábamos todos muy contentos, casi felices. Y escribo todos refiriéndome a que no había nadie más por esperar. Ya estábamos siendo felices, o más o menos, ¿no? Me pregunté, una vez más, que vendría después.


Cuando terminamos de comer, todos nos revoleamos por los sofás; padecíamos la insuperable flojera de después de comer. Pero mientras, Drake salió al pasillo. Yo decidí seguirle, quería preguntarle una cosa.

-Eh, Drake, espera.

-¿Qué pasa, Albus? - por un momento le noté preocupado, pero no por algo desconocido, sino por mí. Supongo que yo era el que más preguntas le hacía.

-Sigo preocupado. Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero... cuando terminemos, o incluso durante lo que sea que tengamos que hacer, ¿no me harán falta los estudios que me estoy perdiendo? - Drake sonrió.

-No puedo saberlo a ciencia cierta, Albus, pero es muy probable. Verás, no pienses que no hemos pensado en esto, y hemos dejado que si queréis estudiar, lo hagáis por vuestra cuenta. Simplemente hemos pensado que, para que estudiéis mejor y seáis más felices, debéis llegar antes a la conclusión de que queréis seguir estudiando. ¿Has llegado a esa conclusión?

-Sí. Mejor prevenir que curar, ¿no?

-Bueno, cuando quieras empezamos. Aquí el sistema que tenemos pensado para que aprendáis es mucho más fácil y rápido. No hacemos tantas actividades, ni exámenes. Pero tomamos la lección continuamente. En serio, seguro que sois unos chicos listos. Sois 10 alumnos, y somos 3 profesores. Nos podemos centrar mejor en lo que no entendáis, y una vez lo entendáis bien, seguimos avanzando, pero repasando lo aprendido. Con tres horas o menos al día, seguramente recuperareis lo que os habéis perdido y avanzaremos más que en el internado en unas semanas.

-Pero, ¿no nos vamos a... “algún lugar lejano”?

-Sí, -me contestó sonriendo más- pero en ese lugar lejano podéis seguir estudiando, y cuando terminéis lo que teníais que estudiar en este curso, empiezan las vacaciones. Así que el comienzo de las vacaciones dependen de vosotros. Aunque claro, tú de momento estás de vacaciones, hasta que empieces a estudiar.

-Pues entonces, cuanto antes empecemos, mejor. Por lo que dices, en ese lugar, ¿las vacaciones deben de ser estupendas, no?

-No voy a contarte nada del lugar, Albus, pero yo diría que sí. Y estoy de acuerdo, cuanto antes te quites todo eso de encima, mejor.

-Otra cosa. ¿Cuándo nos vamos? - Él sonrió aún más.

-En cuanto todo esté preparado para ir. Y no me refiero al equipaje, eso es lo de menos. Me refiero al viaje. Como comprenderás, no nos vamos a mover por métodos... legales. Dudo que adonde vamos esté permitido ir, pero, ¿qué mas da? Tu deberías estar en tu internado estudiando, y resulta que estás aquí, mucho mejor, y vas a estudiar igual. Esta noche, durante la cena, lo hablaremos todos. Podemos empezar mañana mismo a prepararlo – Y esta vez sonreí yo.

-Bueno, ¿empezamos ahora a estudiar?

-Vale, trae tu cuaderno electrónico y tu ordenador. Pero por favor, déjame ir de una vez al cuarto de baño.

-De acuerdo – le dije riendo.


En cuanto cogí mis cosas, y el salió del cuarto de baño, nos pusimos a estudiar, en el escritorio de mi cuarto. Tardamos sobretodo en matemáticas, y en ciencias, aunque igualmente lo hicimos más rápido que en clase. Pero, como predijo, en un par de horas o tres, ya habíamos terminado con todas las asignaturas. Habíamos repasado lo que había dado en los últimos tiempos, y aprendido lo nuevo. Así, en esas dos o tres horas, avancé hasta mas o menos lo que debería de estar dando en el internado.

El truco era que las actividades eran normalmente orales y cortas. Además, el no se descentraba, y evitaba que también lo hiciera yo.

Les conté a los demás lo que había estado haciendo. Los que tenían la conciencia más torturada, como Nil, Tina, y Eudora, decidieron que mañana mismo empezarían a seguir con sus estudios. El resto, a los que el Pepito Grillo de los demás les hacía gracia porque a ellos les dejaba en paz, no tenían tanta prisa.

Ya eran las siete. Volví al escritorio de mi cuarto, y escribí lo que había pasado últimamente. Tardé alrededor de una hora y media. Estaba yendo a la ducha, cuando...

-Albus, ¿Cómo pasas el tiempo aquí? Tantas horas... deben de hacerse eternas – Me dijo Gael, en mitad del pasillo.

-Sí... ahora me estoy acostumbrando a una vida más lenta. En el internado, siempre estaba que me faltaba el tiempo. Ahora, escribo lo que nos pasa. Y parece una historia interesante, ¿no? Aparte de eso, hasta ahora, me pongo en el ordenador, escucho música, y estoy con los demás... pero sí, es poca cosa. Aunque, a partir de hoy, retomo las clases.

-Yo, en cambio -me dijo en un tono más bajo, más preocupado- no hago más que comerme el coco, pensando en canto tiempo estaré encerrado aquí, que haré que será de nosotros...

-Lo sé, a mí también me pasa, Intento olvidarlo, pero es imposible. De todas formas, creo que dentro de poco vamos a salir de aquí. Me lo dijo Drake, durante la cena vamos a hablarlo.

-Espero que durante la conversación se resuelvan muchas de las dudas que me invaden la cabeza, y no me dejan pensar en otra cosa.

-Me muero de curiosidad, quiero saber donde vamos a ir... ¡o llegar ya! Qué impaciencia...

-Saber a donde vamos a ir... esa pregunta no se marcha de mi cabeza ni a mamporros.

-Espero que no lo hayas comprobado, ¿verdad? -le dije riéndome.

-Demasiado tarde, de eso ya se ha encargado Eudora.

-Con lo tímida que parece...

-Sí, como bien has dicho... “parece”. Pero tiene la mano ligerita, no veas como zurra, es mejor no sacarla mucho de quicio.

-Lo tendré en cuenta. Esta información militar me será muy útil, seguramente, en algún plan de asalto...

-Yo lo tendría en cuenta, desde luego. Pero es que no sé, me encanta sacarla de quicio, es una de las pocas cosas que más me divierten de este lugar.

-Pues apúntate a dar clases también con nosotros, así te aburrirás menos. Apenas llevas un día aquí y ya te estás desesperando... Aunque a lo mejor te viene bien un descansito después de tantas clases.

-A dar clases... supongo que eso es mejor que nada, me vendrá bien distraerme un rato, acepto.

-Pues mañana mismo empiezas, con los demás. Aunque Drake dijo que mañana también podemos empezar a preparar el viaje... Tengo la sensación de que no vas a volver a aburrirte en un buen tiempo.

-Bien, me alegra oír eso. Bueno, ¿qué hay de cenar? Tengo tanta hambre como los mismísimos cocodrilos del Nilo al comenzar el día. -Me reí ante su ocurrencia.

-No sé... Mary es la que cocina, la robot, pero es impredecible. De todas formas, va a estar buenísimo igualmente. Yo me voy a la ducha, que ya es hora.


…Y todos los instrumentos del grupo sonaban, mientras yo tocaba el mejor solo de guitarra-bajo que se haya tocado jamás. Una gloriosa improvisación de Rock n' Roll. El agua de la ducha caía sobre mi mientras el tiempo pasaba perezosamente. Y cuando le puse un final a la canción, recuperé la conciencia, y empecé a secarme. De repente, alguien llamó a la puerta. Era Ithin, diciéndome que cerrara ya el pico, y que me saliera, porque ella aún se tenía que duchar. Riéndome por dentro, me sequé lo más rápido que pude, y cuando me puse los pantalones, y la camiseta del pijama, salí.

Casi todos estábamos listos, la noticia de que hoy íbamos a hablar del viaje en la cena se había extendido como la pólvora. Me senté en el sofá, con los demás, mirando sin ver la tele. Esperando el comienzo de la cena. En apenas cinco minutos todos estábamos ya preparados, y cuando Esteban y los demás entraron en el salón, aumentó nuestro nerviosismo, mientras ellos se reían por ello.

-Bueno, no os vamos a hacer esperar más. ¿Cenamos? -dijo Drake.

-Sí – respondimos todos a la vez.

Pusimos todas las cosas en la mesa más rápido de lo normal, y nos sentamos, sin que se nos pasara por la cabeza empezar a comer.

-¿Cómo vamos a salir de aquí? -dije, sin pensármelo dos veces.

-Ya no tiene sentido esperar más a decíroslo. Vamos a salir por donde hemos entrado; por el antiguo metro -comenzó a decir Drake.

-Creemos que a unos cinco kilómetros de aquí, siguiendo la vía de la estación sobre la que estamos, la vía pasa cerca de una vía aún más antigua que esta. La distancia es de decenas de metros, si cavamos un túnel, podemos llegar hasta allí. Esta vía, en su época, servía para entrar y salir de la ciudad. Y nosotros vamos a salir.

-En primer lugar, nos hace falta cavar ese túnel, y en segundo, una especie de tren, con todo el equipaje y para llevaros a nosotros. Además, no sabemos exactamente donde podemos acabar, tenemos que estar preparados.

-Pero eso llevará mucho tiempo, y hará falta mucha mano de obra – dijo Gael.

-No, apenas unas semanas. Mañana mismo podemos hacer una especie de tuneladora, y poner un sistema de alumbrado en la zona donde vamos a empezar a cavar el túnel. La tuneladora no es muy grande, y sabemos como montarla. Si nos ayudáis, en unas horas está hecha. Además, siempre se puede cavar a la antigua, a pico y pala -le contestó y argumentó Drake.

-Así de paso me pondré cachas, porque con tanto pico y pala... -le contestó Gael, que alivió un poco la tensión que había en el ambiente.

-Bueno, siempre es mejor ser positivo. Aún así, podríamos dividirnos en dos. Algunos que se queden ayudando a la tuneladora a hacer el túnel, siguiendo su trayectoria, ensanchando su túnel y quitando escombros. Los demás, pueden montar el “tren”, organizar que llevarnos, y preparar todo eso – dijo Esteban. Parecía que había pensado toda la preparación del viaje de antemano.

-Parece que todo está muy preparado, ¿pero tenéis una idea de como hacer la tuneladora y el “tren”? -dijo Manau, con su voz grave, que hasta ahora no había apenas oído.

-Sí, y tenemos algo aún mejor; los planos. O al menos de la tuneladora, quedan por hacer los del tren. -le contestó Jane.

-¿Y como hacemos el plano? -continuó Manau.

-Eso es lo de menos. En cinco minutos lo tengo listo, si queréis -dijo Esteban. Claro, si es mitad máquina, lo podría hacer perfectamente y en muy poco tiempo.

-Adelante, Esteban - le dije yo.

-Veamos, será una especie de coche alargado, que cabrá en las vías del tren. Aunque las ruedas es lo ultimo que vamos a ponerle, porque no sabremos el ancho de la vía que vamos a utilizar hasta que lleguemos a ella. Funcionaría a pedales. Sí, no me miréis raro. Aparte de proporcionar energía de movimiento, a través de una dinamo conseguiremos almacenarlas en unas baterías. También vamos a llevar placas solares, que pueden funcionar durante el viaje. Y toda esta electricidad la utilizaremos para la comida, y para ir más rápido. Veamos, tenemos una máquina que a partir de materia, con energía, puede hacer casi cualquier alimento. A vosotros ni se os ocurriría una máquina así, y menos su funcionamiento, porque seguís teniendo la mentalidad que el gobierno quiere que tengáis, la del siglo 21. Pero no cambiemos de tema. Combinando la energía almacenada con la de los pedales, iríamos a una media de 30 km/h. Eso significa que, si pedaleamos 9 o 10 horas al día, llegaremos en una semana o menos. Ya sé que parece mucho, pero creo que podemos hacerlo, si tenemos 14 horas para descansar, comer y dormir.

-Vale, acepto lo que has dicho, no lo voy ha discutir. Pero aún así, hay que hacer el plano -dijo Niyebe. Y Esteban le contestó, sonriente.

-No te preocupes, lo he hecho mientras hablaba. Mirad – la serie que estábamos viendo se cortó, y aparecieron dos planos, uno eléctrico y otro mecánico. - No se pueden entender de un simple vistazo, pero son perfectos para ir haciendo el tren poco a poco. Os explicaré que significan las cosas, y como montarlo.

-¿Cuándo empezamos? -dijo Rick, entusiasmado.

-Mañana, a las once de la mañana, en la estación – Le respondió Drake.

Ahí comenzó la cena, y seguimos hablando, pero no recuerdo bien esa conversación. Como todos, estaba emocionado, pensando en el viaje a quien sabe donde.


Sería cerca de la medianoche. Recordé mi intención de volver a la azotea. Yo estaba en pijama, pantalones largos y camiseta de mangas cortas. Cogí una sudadera y me la puse encima, y me fui a la azotea en zapatillas sin preocuparme para nada por mis pintas. Apenas abrir la puerta de la azotea, el frío aire de la noche me azotó en la cara y me devolvió a la realidad. Me acerqué al borde.

Ahí estaba el abismo, cientos de metros mas abajo. Las luces se extendían infinitamente hasta el horizonte, llenándolo todo de colores, y dejando el cielo mas negro de lo normal. Yo estaba sobre la cumbre de a ciudad, en la azotea. Todos los edificios de alrededor eran más bajos, los más altos estaban a lo lejos, como torres de luz que partieran el cielo. Y era bonito. Me quedé un rato allí, curioseando las formas de los edificios. La azotea se veía en total oscuridad, negra, y yo andaba sobre ese vacío. Hasta que se me ocurrió que alguien entrara por la puerta y nos pusiéramos a mirar las estrellas. No, claro que alguien no, una chica. Y una en concreto; quería que viniese Tina. Y así, mirando la ciudad y las estrellas, (además de la puerta, de reojo) me quedé esperando a que viniera.

Probablemente pasaría cerca de una hora. Pensé que me gustaría quedarme allí toda la noche, y que Tina viniese, pero me resigné a lo que parecía más lógico. Entré en el ascensor, algo deprimido, cuando Mary me preguntó si no querría pasar la noche arriba. Le dije que sí. Me dejó de nuevo en la azotea, y a los pocos minutos, el ascensor se abrió con un colchón y unas mantas.

Puse el colchón pegado al borde de la azotea, donde había una baranda para evitar que alguien cayera. Me acosté. Estaba muy a gusto con las mantas. Entonces me puse más contento. Y hasta que me quedé dormido, imaginaba que Tina venía conmigo, triste por que no viera, sin darme cuenta de que era casi feliz solo con imaginar que venía y pasaba la noche en la azotea, bajo la luz de 3 estrellas, la ciudad infinita, y la Luna, que salió mientras me dormía.